jueves, 10 de noviembre de 2016

Un cambio de Mentalidad por Roberto E. Padilla. Diario La Nación

Un cambio de mentalidad.
Dos hermanas pequeñas discuten por una naranja. Ambas la quieren: “Es para mí”, clama la menor; “no, es mía”, grita la otra. “Mamá, mamá, vení!. La madre, cansada del barullo, se dirige a poner punto final a la disputa. Luego de separar a sus dos hijas, divide cuidadosamente la naranja en dos partes exactamente iguales y las entrega. Satisfecha, la madre regresa a sus tareas pensando haber solucionado con justicia el conflicto. Esta situación muestra la generalizada idea de lo que significa una solución justa: un tercero neutral que reparta equitativamente aquello que está en disputa.
A primera vista, la solución parece acertada. Pero la historia no termina aquí. La menor de las hermanas pela su mitad de fruta, tira la cáscara y come la pulpa; la otra, al contrario, tira la pulpa y guarda la cáscara para sazonar su torta. Vemos que la solución, aunque equitativa, no fue un buen remedio. Si la madre, en cambio, hubiera indagado los reales intereses, en vez de limitarse exclusivamente a cuestiones de procedimiento (cortar la fruta en exactas mitades) o de posiciones (las dos hermanas querían la única naranja porque tenían el mismo derecho a ella). Sin lugar a dudas habría llegado a una solución satisfactoria para ambas: pelar ella la naranja y entregar toda la pulpa a una y toda la cáscara a la otra, por ejemplo. Es más, si las partes hubieran sabido negociar cooperativamente entre ellas, evitando el reparto del tercero, habrían llegado a un resultado más satisfactorio para ambas.


 Soluciones creativas.
Este ejemplo ilustra con claridad las ventajas de diseñar y aplicar soluciones creativas, mutuamente satisfactorias, en contraposición a las decisiones de terceros impuestas a veces sin contemplar los reales motivos de las partes.
Las soluciones tradicionales muchas veces son imperfectas y presuponen un ganador y un perdedor.
Resulta necesario, entonces contar con nuevas opciones, nuevas Alternativas de Resolución de Disputas (ARD), que permitan a todas las partes ganar. La idea generalizada de que si el otro gana, yo pierdo, la negociación adversarial, debe girar hacia nuevos mecanismos diseñados para que las partes cooperativamente lleguen a la solución.
Como primer paso, las gentes deberán aprender a resolver sus diferencias entre sí y a negociar sus acuerdos directamente, a inventar soluciones mutuamente satisfactorias. Eventualmente deberán recurrir a la asistencia de terceros capacitados, - los mediadores - y adicionalmente al arbitraje.
Paulatinamente, la opción de la demanda judicial, lenta, costosa e insatisfactoria, se deberá ir dejando de lado. El juicio quedará como último recurso - no primero - para dirimir diferencias.
Una nueva cultura.
Adicionalmente, la implementación de nuevas Alternativas de Resolución de disputas (ARD) - negociación, mediación, arbitraje y otras - al apartarse del modo tradicional de solucionar conflictos, al evitar la condena personal y judicial y al potenciar la capacidad y decisión de las partes, permitirá aliviar la crítica sobrecarga que hoy sufren los despachos judiciales. Esta realidad impone un cambio de mentalidad, la transformación de la cultura adversarial tradicional en una nueva cultura negociadora y conciliadora. En ella, el abogado tendrá un papel preponderante: su rol moderno será ofrecer nuevos servicios, otros caminos más eficientes para resolver los problemas de sus clientes.
Los empresarios, funcionarios y la gente en general, por su parte, reclamarán de los hombres de derecho nuevas alternativas. Las universidades deberán tomar la posta de formar nuevas generaciones de profesionales capacitados para reducir el costo de resolver conflictos, entendiendo que la sobrecarga de los tribunales y el apego a los formalismos en nada contribuyen a solucionar los problemas de la sociedad.
El vapuleado Poder Judicial podrá cumplir satisfactoriamente con su función de repartir justicia si a los tribunales llegan solamente aquéllos asuntos que no pudieron ser resueltos por otras vías. La tradicional cultura adversarial deberá dar paso al nuevo movimiento conciliador, ya adoptado en países avanzados. Abogados, empresarios y la comunidad toda seremos responsables de este cambio de mentalidad que la realidad y la modernidad reclaman.
Por Roberto E. Padilla (Para La Nación).

Tomado del Diplomado en Pedagogía de la Paz Y Resolución de conflictos, autoras Marta Paillet, Jorgenila Amstutz y Elda Mazzarantani.

Hasta el Próximo post
Zhair Marrero S.
Psicóloga, Docente, especialista en Dificultad para el Aprendizaje, Mediador Educativo, Pedagogía de la Paz y Pedagogía Sistémica. email: entrenamiento.mediación@gmail.com